
El domingo 28 de febrero, un día después del terremoto, el empresario y navegante Felipe Cubillos pensó que una buena forma de ayudar a los damnificados era donando los derechos de autor de su próximo libro. Luego, el martes, se dio cuenta de que eso era muy poco y se contactó con unos amigos que tenían helicóptero, así llegó a Iloca.
“La devastación era total, como si una bomba atómica hubiese explotado. Fue la forma más brutal de darse cuenta que el Estado de Chile no puede reconstruir el país solo, todos debemos ayudar”, explicó Cubillos en una charla realizada en la Universidad el 28 de marzo.
En ese mismo momento le mandó un mail pidiendo ayuda a todos los fanáticos que lo habían seguido en el desafío de dar la vuelta al mundo en yate.
“Era tal la necesidad de ayudar que las colaboraciones llegaron muy rápido. Fue como tirar un fósforo sobre dinamita. No hay oportunidad más linda que ésta para ayudar al país. Mi sueño es que construyamos un Chile mejor que el que había antes del 27 de febrero”, añadió.
El proyecto que encabeza Cubillos ha sido tan efectivo, que incluso el gobierno les pidió encargarse de la reconstrucción de escuelas de la VII Región.
“La construcción de la escuela de Iloca es la mejor forma de demostrar que se puede formar un mejor país. La que tienen hoy es superior a la anterior, con salas de computación y otras comodidades; incluso a cada niño lo esperaba su mochila con sus colaciones incluidas. En dos semanas logramos construir algo mucho mejor”, explicó.
Además, Felipe Cubillos, quien por estos días está dedicado cien por ciento a esto, tomó un compromiso casi personal con los pescadores de la VII Región.
“Les hemos enseñado a enfibrar para que reparen sus botes. Anoche me llamaron y me dijeron que ya habían arreglado 100. Y ya hemos traído 40 motores de Estados Unidos”, dijo.
Cubillos destaca que la mejor forma de motivar a los donantes es mostrándoles efectividad. “Por ejemplo, cuando arreglamos el bote de uno de los pescadores, me metí al mar a pescar con él. Con mi celular le saqué una foto y se la mandé a quien donó el motor”.
Y como la idea es seguir con su ayuda hasta el final, ya tienen claras sus próximas metas: un colegio en Juan Fernández y asistencia sicológica a los damnificados.
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