
“Trabajar en esto significó salir de una especie de letargo en diseño. Hice todo nuevo, incluso el tótem de entrada, que no había. Trabajé con el concepto de la línea y diseñé un parrón que unió los edificios, pero dejé una abertura. Además, como el Valle del Elqui es el mejor lugar para ver las estrellas, dibujé la vía láctea en el suelo”, dijo.
Otro de los desafíos que se impuso di Girólamo fue recuperar el sentido religioso de Gabriela Mistral y que no está muy desarrollado en la museografía.
“Fue una mujer brillante que estudió el budismo, el esoterismo y la religión católica. Paralelamente, intenté salvar la presencia de Gabriela Mistral, por eso puse un cubo con una silla de madera y una tabla, la misma que usaba la poetiza para escribir. En ese mismo cubo hay un vidrio con su visión sobre la escritura que está apoyado en la tierra de Montegrande”.
Finalmente, dividió los paneles gráficos por áreas y los dejó suspendidos en el aire.
“Gané la posibilidad de remodelar el museo porque apliqué un concepto detrás y mostré a Mistral desde ese concepto. Es muy importante tener ideas nuevas, pero también conceptualizarlas”, añadió.
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